¿Qué conceptos o preconceptos vienen a nuestra mente al oír musitar la palabra SEXO?. Probablemente este término posea un significado o valoración interna e individual disímil a la que exteriorizamos y/ó aparentamos ante los demás.Así, somos nosotros mismos quiénes mantenemos vigente los prejuicios y hacemos del sexo un tema tabú.
Pero, ¿De dónde proviene la desvalorización de la sexualidad?. Podríamos nombrar múltiples factores culturales. Sin embargo, en esta oportunidad, focalizaremos el análisis en los medios de comunicación debido a su alcance, accesibilidad y repercusión.
El sexo es un negocio.
En la actualidad, en el plano de las comunicaciones se nos presenta al sexo banalmente, de manera insustancial y ampliamente orientado al comercio, de esto no cabe duda. No obstante ¿Porqué los consumidores “compramos” esos productos, absorbiendo y acrecentando esa perspectiva respecto al tema?.
En principio, esto puede devenir precisamente de aquél “de eso no se habla” que nos inculcó nuestra cultura y del que nos empapamos. Prohibición que generó y genera ignorancia y, en consecuencia, preceptos; marginación y -en una mirada más profunda- problemáticas como el aborto y enfermedades de transmisión sexual a raíz de la desinformación.
La palabra SEXO proviene del latín “SECARE” (separar, dividir) y -aunque se refiere al modo de distinguir a los seres vivos según su órgano reproductor- nuestra sociedad pareciera volcarlo en un sentido marginal, entender al sexo como discriminación.
Separar aceptando o censurando a las personas según su identidad, actividad o preferencia sexual. Éste es el caso de los homo y transexuales, entre otros. Sin contar como se relaciona, también con exclusión, al estereotipo de belleza latente con actividad y calidad sexual. Esteriotipar es parte del marketing. Visto de esta manera convertimos al término en algo “indecente”, de lo que no se debe ó es preferible no hablar. Puesto que, con las cosas planteadas de este modo, se juzga el practicar las relaciones sexuales en demasía, no ejercerlas o el con quién y cómo se ejerce. De ahí provienen los riesgos y las problemáticas.
Observando esto en términos económicos, este pensamiento retrograda es muy redituable, sobre todo para los medios gráficos y audiovisuales.
“Hacer el amor no es sexo”: Esto es parte del marketing. Hacer el amor es un sentimiento correcto, romántico y aceptable. Tener sexo completamente condenado. ¿No parece absurdo?, sin embargo lo compramos.
No se hace el amor manteniendo relaciones sexuales, ¿Quién sabe cómo hacer ó crear amor? El coito corresponde a un instinto de reproducción de las especies vinculado al placer individual. El amor se construye con sentimientos placenteros de otra índole, como el agrado de determinada compañía, la escucha, las vivencias… En fin, estas concepciones son completamente divergentes, pero para opacar “lo mal visto” se emplean como sinónimos sustituyendo el término ó concepto adecuado.
Mientras el negocio crece, nosotros como sociedad, seguimos estancados en los pensamientos vanos.
Vanina Calvo //2º Periodismo


No hay comentarios:
Publicar un comentario